jueves, noviembre 26, 2020

Injusticia Okupa: Una pareja consigue entrar a su casa y son detenidos y esposados por cambiar la cerradura

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Miguel Vigo está pagando hipoteca, alquiler y los gastos de la Okupa, endeudándose cada vez más y al borde de la depresión por culpa de esta justicia corrompida

Miguel Vigo alquiló su vivienda de Madrid en 2018. Lo hizo a una persona recomendada por un amigo.

El primer año pagó normal, con algunos retrasos pero nada que pudiese hacer saltar las alarmas de que la plaga okupa estaba llamando a su puerta.

En noviembre de 2019 Miguel se reúne con la hasta ahora inquilina y firman un documento de desistimiento de contrato por vivienda habitual, acordando que le entregaría el piso en el mes de mayo de 2020, ya que la familia, que vivía alquilada en otro barrio, quería recuperar SU vivienda por el nuevo colegio de su hijo menor.

En febrero de 2020 se vuelven a reunir ambas partes y el todavía inquilino le comunica que va a dejar de pagar. No puede hacer frente al alquiler. Miguel le indicó que no había problema, ya que tenía la fianza, por lo que acordaron ambas partes que seguí en el piso el mes de marzo mientras buscaba nueva vivienda y que el 2 de abril le entregaría las llaves a su dueño.

Mientras tanto, Miguel informa su casera de que abandona el piso ya que va a regresar a su vivienda. Informa de que dejará el piso a finales de abril para que le de tiempo a llevar a cabo la mudanza.

Comienzan los problemas

A finales de marzo la ya ‘okupa’ llama a Miguel y le dice que no tiene donde irse. «Yo le digo que tiene que buscarse algo ya porque lo tengo todo preparado. Yo tengo familia. Ella estaba sola y tendría facilidad para encontrar algo que se ajustase a su economía», señaló a cuartaedicion.com

Miguel tiene esposa y dos hijos y el 2 de abril tiene que entrar a SU CASA, ya que se queda en la calle.

Ya no hubo más respuestas ni llamadas…

«El 2 de abril fui a mi piso. Toqué el timbre y la puerta y como no me habría nadie pensé que ya se habían ido y metí la llave en la cerradura. Nada más meter la llave me abrió la puerta una persona que no era mi inquilina», señaló.

La puerta estaba con la cadena puesta. No dejó entrar a Miguel a su vivienda y le comentó que se fuese. «Sólo quería explicarle la situación, pero me dio con la puerta en las narices»…en su propia casa.

Después de unos días, Miguel regresó al piso y esperó a la señorita fuera del portal para hablar con ella. La encontró.

«Le pedí explicaciones y le pregunté que por qué me hacía ésto. Lo único que me dijo es que estaba buscando piso. Le supliqué que me devolviese mi piso, ya que nosotros, mi familia, tenía que abandonar el piso en el que estábamos alquilados y yo no podía hacer frente ya a hipoteca y alquiler».

Ese mismo día firmó dos documentos: Que dejaba el piso a fines del mes de abril por no estar en condiciones de pagar y que en el mes de mayo le alquilaba solo una habitación del piso, para que Miguel pueda utilizar las otras dos habitaciones con mi familia.

¿Ven el documento? Papel de fumar.

Llegó finales de abril y no dejó el piso…

Miguel dejó pasar unos días y el 8 de junio fue a su piso, ya con algunas cosas para instalarse. Llamó al telefonillo y a la puerta y no le abrió nadie. Decidió entrar con sus llaves y habían cambiado la cerradura.

Miguel, con escrituras en mano, avisó a un cerrajero y consiguió entrar a su vivienda. Nada más atravesar la puerta se percató de que no se había ido y que, para más inri, en la otras habitaciones había más gente viviendo.

«Desocupé las otras dos habitaciones para poner mis cosas y donde estaba ella no toqué nada (encima uno tiene que ir así por su casa por culpa de nuestras patética justicia). Esperé a que llegase para darle encima una copia de las nuevas llaves porque sabíamos que lo que habíamos hecho no estaba bien». Perdone Miguel, sí estaba bien…y más que tuvo que hacer…

Tras dos horas de espera, apareció una persona que, supuestamente, vivía allí. Miguel le explicó la situación y que no podía quedarse, ya que le había alquilado sólo una habitación a la ‘okupa’.

Ojo, esta caradura, no sólo no pagaba el alquiler de la vivienda y ejercía de okupa, es que además alquilaba habitaciones de la casa okupada a otra gente. VERGONZOSO.

La persona ‘nueva’ que apareció, tras conocer los hechos, llamó a la casera-inquilina-okupa. Pasado una hora, apareció la caradura, con la policía, acusando a los dueños de la vivienda de que no podían estar allí.

Miguel sacó el documento que dejaba bien claro que sólo tenía derecho a una habitación y que con el resto de su vivienda podía hacer lo que le diese la gana.

Miguel y su esposa acaban detenidos y esposados

La policía, tras ver el documento, da la razón a Miguel en un principio. Salieron a la calle para ‘negociar’ un acuerdo con la okupa, dejando claro que tenía que abandonar la vivienda a finales de mes.

Todo iba como la seda, hasta que la ‘elementa’ regresa a la casa y se da cuenta que el dueño de la vivienda había cambiado la cerradura.

Inmediatamente (amparándose a la patética justicia), avisa a la policía, que preguntó a Miguel. «Sí, fuimos nosotros porque supuestamente no había nadie».

Sin media ni una palabra más Miguel y su esposa fueron detenidos (vaya agentes de la autoridad…). Fueron detenidos y esposados. «Nos llevaron a comisaría como delincuentes y la OKUPA fue a denunciarnos. Ella y los cuatro que había metido en el piso», afirmó.

No lo estamos inventando aunque sea así de surrealista. Aquí pueden ver la denuncia…disfruten lo votado…

Toda esta triste situación sucedió en junio. Miguel y su familia tuvo que volver al piso que tenían anteriormente alquilado.

«Hasta la fecha de hoy no he vuelto a contactar con ella por miedo a que me vuelva a denunciar. Nos llegó la notificación del juicio para el 2 de octubre por coacciones. El día del juicio fuimos a los juzgados y no se presentaron. Su abogado dijo que dos de los que nos denunciaron están con el covid y que se posterga a el juicio»…cuanto caradura bien aleccionado por los chupasangres que viven de ello.

Por cierto, Miguel, al mismo tiempo, está haciendo frente a una demanda puesta por su casera porque sólo puede pagar la mitad del alquiler. «Hablé con ella y le expliqué el calvario que estoy pasando, pero ella quiere que se lo pague todo. La entiendo, pero no puedo», terminó de decir más que triste Miguel Vigo.

Detenciones, esposados su mujer y él, demandas, juicios, embustes, amenazas, impotencia, deudas y más deudas, depresión…y, mientras tanto, la okupa viviendo en su casa por toda la cara y alquilando habitaciones a otros individuos de la misma calaña.

Bienvenidos a España. Repito, progres de pacotilla, disfruten de lo votado. Con suerte, un día os tocará a vosotros.

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