martes, noviembre 30, 2021

Carta de Ana, la viuda de Óscar Rodríguez Coll

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Antes escribía por necesidad, también por gusto, escribía cuentos, historias, y hasta diez cuentos de un libro que nunca fue.

Hoy escribo para no olvidar las palabras, para hacerlas resonar en el Universo.

Creen que las palabras se las lleva el viento, que sólo las escritas permanecen en el tiempo, pero no es así.

Todo deja su impronta, más allá del tiempo y el espacio. las ideas que un día tienes se pueden materializar más allá de su conveniencia. Por eso, es mejor tener cuidado con tus pensamientos. Cualquiera de ellos se puede hacer realidad y entonces, vendrá el Todo o la Nada.

«Nada dura eternamente» dicen, pero también se equivocan. El dolor de un corazón sí puede ser eterno, pero acaba con la muerte del cuerpo y se recompone cuando vuelvas a encontrarte en la otra vida, con el dueño de ese dolor tan inmenso, para convertir el duelo en un momento que sí será eterno de felicidad.

Hasta que llegue ese momento, hay que seguir viviendo, aferrándose a lo que puedas, para merecer en la otra vida el agradecimiento por haberlo intentado.

Cuando amas, no quieres ver el sufrimiento en la persona amada, así que para que en el más allá pueda estar en paz, deberás hacer un esfuerzo, porque donde acaba el plano físico empieza el verdadero y habrá que mantener luz, y eso le dará más felicidad.

Son palabras que me digo. Son palabras que os digo. No lloréis por vuestros seres queridos. Ellos no lo necesitan. Lloramos por ¡nosotros!. Así que, hoy, intentad sonreír por ellos y eso sí les reconfortará y harán que sientan el AMOR que les tenemos.

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