miércoles, abril 14, 2021

Lourdes V. tuvo okupada su casa tres años: «Mi primer error fue llamar a la policía»

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Pensó en tomarse la justicia por su mano «pero no podía hacerle eso a mis amigos y familiares»

Lourdes V. ha recuperado su casa después de tres años. Lo hizo justo en los días que cuartaedicion.com contactaba con ella para sacar su caso a la luz. Debería estar contenta por poder disfrutar, al fin, de su vivienda. Pero su voz, sus palabras, dicen todo lo contrario. Ha sido un calvario de tres años. Tres años que se ha sentido robada por una indeseable. Robada e impotente por culpa de las leyes de este país.

Jamás pensó que la ‘okupación’ pudiese llamar a su puerta. Era una trabajadora más. Para nada le sobraba el dinero. No podía ser blanco de esta ‘gentuza’. Pero la realidad es muy triste y en septiembre de 2017 iba a comenzar su particular calvario.

Lourdes tiene un sueldo normal, mantener a un hijo, hipoteca…poco más, pero tiene que vender su vivienda, por lo que en septiembre de 2017 se traslada a Badalona con el objetivo de acondicionarla y ponerla a la venta, ya que no la podía mantener.

Mientras conseguía comprador, en una de las visitas para comprobar que todo iba bien, no pudo abrir la puerta de su propia casa. «No puedo explicar lo que sentí en ese momento porque todavía siento el desconcierto de no saber qué estaba pasando». Su casa estaba ‘okupada’.

Habían entrado en su domicilio y le habían cambiado la cerradura. Tenía que llamar a la policía. Ahí comienza su pesadilla.

«Tengo que decir que es el primer error que cometí, llamar a la policía», ya que una vez puesta la denuncia, todo tiene que transcurrir por la penosa y lenta vía legal.

Si Lourdes V. hubiese intentado tomarse la justicia por su mano, tal vez, hubiese sido mucho peor todavía. La okupa (de nacionalidad española) no tiene nada que perder. Eso es lo sorprendente de todo; que al que le ‘okupan’ tiene las de perder, y la escoria que se apropia de otra vivienda, lo tiene todo a favor.

«No creáis que no pensé tomarme la justicia por mi propia mano, pero esa mujer no tenía nada que perder, pero si me denunciaba a mí…tengo nómina y un piso hipotecado y me podía quedar sin ella», señaló Lourdes a este medio.

Lo más indignante es que esas palabras de ‘consejo’ se las dijo el propio Mosso que la atendió. «De verdad que pensé en tomarme la justicia por mi mano, pero no puedo hacerle eso a mis amigos y familiares».

Comienza la pesadilla

Lourdes se tiró más de dos años suplicando a la okupa que dejase su vivienda. «Le expliqué que en el piso que había entrado no era del banco. Era mío y lo estaba pagando a través de la hipoteca que ella era conocedora, ya que recogía las cartas del banco que llegaban al buzón», afirmó.

Pero nada, esta ‘escoria’ se las sabe todas. Tampoco quiso dejar entrar a la propietaria de la casa a recoger cosas suyas que todavía estaban allí. «Había pertenencias que más que valor económico tenían valor sentimental. Ropas y enseres de los pequeños de la familia que habíamos guardado para que fueran heredados por los nuevos miembros que estaban en camino…tenía que recuperar cosas que tantos recuerdos tienen para la familia…».

Pues bien, tuvo que interceder la policía para que esa ‘malnacida’ dejase entrar a Lourdes a su propia casa a coger sus pertenencias. Lo hizo escoltada por la policía…en su propia vivienda…

¿Saben lo que significa entrar a tu propia casa escoltada por la policía delante de la ‘choriza’ que te está amargando la vida? Esas son las leyes que imperan en este putrefacto país.

«Ese detalle sin importancia demuestra que la mujer no tenía que estar ahí. En mi casa. Todavía estaban mis cosas. Es sorprendente y la impotencia tremenda», comentó.

Primer juicio, a los siete meses

El primer juicio se celebra a los siete meses. La ‘delincuente’ presenta un contrato de alquiler, firmado por no se quién la verdad, alegando que había sido engañada por una tercera persona. Lo dicho, se las sabe todas.

En dicho juicio accede a abandonar la casa en un mes, ya que reconoce estar ilegalmente…pero no abandonó el piso. El calvario continúa.

«Al final pensé que tenía que ser paciente y que era de justicia que recuperase mi casa, pero ahora se que esa mujer no tenía intención de dejar mi casa. Se dedicaba a eso. Me explicaron que había hecho lo mismo en otras viviendas. Patada a la puerta y cambio de cerradura. Y encima ha hecho fiestas en mi casa, ya que he visto fotos en Facebook con su familia en mi vivienda», comentó indignada Lourdes.

Para más inri, la ‘okupa’ recibe una ayuda de 909 euros de los servicios sociales Distrito 4, La Salut Badalona.

«Si se tiene en cuenta que yo tengo un contrato fijo-discontinuo, además pago la hipoteca, los impuestos, el seguro del hogar…tengo que mantener a mi hijo y yo con lo poco que me queda de nómina. Mi ocupa tiene gastos 0€ de mi piso e ingresos de los SS 909€ íntegros para ella y su hijo, sin tener en cuenta que su pareja vive en mi casa, y que trabaja».

Desde el 29 de noviembre de 2017, que empezó esta pesadilla, Lourdes ha picado en todas las puertas. Quería recuperar su casa, pero no encontró ni ayuda ni consuelo.

«Sigo confiando en que la justicia haga su trabajo que tiene asignado, pero he llegado a un punto en el que no veo la luz al final del túnel y no se qué más puedo hacer. Espero que esto sirva para poner en conocimiento de todo el mundo el desamparo en el que podemos vernos cualquiera de nosotros», terminó de decir.

Como señalamos anteriormente, estas declaraciones a cuartaedicion.com se produjeron en los días en los que Lourdes recuperó su casa. Tres años de calvario que por fin han visto la dichosa luz.

Tres años de impotencia y de desgracias hasta el último momento, ya que hace escasas dos semanas la okupa contrató un servicio de mudanzas llevándose los muebles y los electrodomésticos de la vivienda de Lourdes.

«He recuperado mi casa después de tres años, pero a un precio muy alto».

La vivienda llena de porquería, sucia y destrozada. Sin muebles. Y la okupa se ha ido de rositas en busca de su nueva vivienda. En busca de su ‘negocio’ particular. En busca de arruinar la vida de su próxima víctima porque el verdadero culpable, la justicia, no trabaja como es debido.

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