jueves, diciembre 1, 2022

La verdad del caso Sara Gómez: Gritos en quirófano e intento de ‘escapada’ del cirujano nada más operar a la joven

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La dirección médica no quería operar a Sara pero una llamada lo cambió todo

Este caso tiene muchas cosas que todavía nadie ha publicado. Y mira que se ha publicado sobre la muerte de Sara Gómez tras someterse a una lipoescultura.

Se han publicado verdades y muchas mentiras. Este medio, hasta ahora, no se ha pronunciado sobre este desgraciado suceso. Pero disponemos de información, confirmada por distintas fuentes, que creemos que debe salir a la luz. Especialmente, para limpiar el nombre de algunos trabajadores que se han visto salpicados por la supuesta negligencia de unos pocos, o unos muchos, según se mire.

Sara fue a operarse a una clínica, llamémosla X, que pertenece a un grupo de empresas. Se firma un ‘papel’ para la intervención y se deriva dicha cirugía a la clínica privada de Cartagena.

Por cierto, desde que ocurrió el trágico suceso de la muerte de Sara, la clínica de Murcia va a cerrar sus puertas. Se ha empezado a despedir al personal, que nada de culpa tienen en lo sucedido. Por cierto también, la misma clínica con sede en Cartagena ha cambiado su nombre…demasiadas casualidades.

Pero en fin, retomaremos dicha información en los próximos días.

Volviendo al caso de Sara, destacar que la Dirección Médica del hospital no quería operar a Sara porque el cirujano que llevó a cabo la intervención era cardiovascular, pero alguien dijo que se operaba y punto.

Fuentes sanitarias nos han confirmado que dicho hospital ya había rechazado en más de una ocasión operaciones similares, si el cirujano no presentaba la documentación que le acreditaba como especialista en estética y cirugía plástica.

Pero esta vez sí se iba a operar en la clínica de Cartagena, aunque el cirujano de turno, repetimos, era cardiovascular. Alguien había dado la orden porque confiaba en dicha persona.

Destacar que en la cirugía Sara reconoce a la novia del doctor, porque era conocida de su ex marido y señaló que no entrase porque no era sanitaria. Pero desde aquí confirmamos que sí es sanitaria.

Comienza la intervención que evidentemente sale mal

Dicho ésto, la operación se realiza, por el cirujano que ya todos conocen, impuesto por cierta persona, y con el resto del equipo puesto por el hospital.

La operación dura cinco horas. Demasiado tiempo. Durante la intervención las constantes de Sara van mal. Se hacen analíticas y transfusiones. Se sigue el protocolo establecido.

Por cierto, para que muchos lo tengan en cuenta, la sangre que se le ‘mete’ a Sara es la correcta, si no hubiese sido la correcta, como han publicado muchos medios, Sara hubiese muerto mucho antes…muchísimo antes.

La operación sigue su curso. Pero nada va bien. No consiguen estabilizar a Sara y el anestesista decide parar la operación. Ojo, porque según fuentes muy cercanas, se viven momentos de tensión, ya que el anestesista tuvo que subir el tono de voz y repetir en más de una ocasión al cirujano que parase. «Basta ya c…», llegó a gritar.

Para la operación y advierte al cirujano que ha intervenido a Sara de que no se marche. Según fuentes, repetimos, muy cercanas, el cirujano que operó a Sara se quería marchar nada más acabar la intervención que a la postre fue una carnicería. Fue el equipo de quirófano el que ‘obligó’ al médico a permanecer allí, a lado de Sara. SORPRENDENTE.

Una vez que la intervención es paralizada, se intenta estabilizar a Sara. En ese momento no se sabía que la joven tenía múltiples perforaciones porque no se veía a simple vista. Al no poder estabilizarla y pasado un tiempo prudencial, se llama a una ambulancia para que Sara sea trasladada al hospital Santa Lucía.

¿Más negligencias?

Queremos dejar bien claro desde cuartaedicion.com que lo que a continuación comentamos viene todo de fuentes muy cercanas a la intervención que costó la vida a Sara.

En el hospital Santa Lucía reciben a Sara Gómez y al parecer emiten un informe médico indicando que la mujer presenta inestabilidad. Pero no emiten ningún informe diciendo que presenta numerosas perforaciones hasta que pasan 24 horas, momento en el que la intervienen y se percatan del desastre realizado. Es entonces cuando se hace el nuevo informe, pero ya poco se puede hacer por la vida de Sara.

Repetimos, esta información viene de fuentes muy cercanas al caso. No podemos afirmar al 100% que así fue, pero damos mucha credibilidad porque son varias personas las consultadas que así lo afirman.

No obstante, dejar claro que especialistas en la materia han informado a este periódico que Sara Gómez estaba sentenciada desde que sufrió la primera intervención. Las diversas perforaciones cometidas durante la lipoescultura eran demasiado graves y poco se podía hacer por su vida. Demasiado aguantó. Pero, tal vez, en el hospital Santa Lucía estuvieron…’lentos de reflejos’, ya que la mujer estuvo 24 horas en una cama, como si nada, cuando presentaba importantes daños en riñón, duodeno, hígado, colon e intestino.

¿Posibles culpables?

Desde que se da a conocer el caso de Sara a la opinión pública, las noticias corren por doquier. Alguna son ciertas. Otras totalmente falsas. El triste caso llega a convertirse en una telenovela que poco bien hace a nadie.

Se sufre una campaña mediática tremenda contra el personal sanitario de la clínica donde fue operada Sara de una lipoescultura. Y eso es totalmente injusto. ¿Qué culpa tiene esa gente? Hizo su trabajo. Poco más.

Se ha llegado a pedir, supuestamente, hasta analíticas de drogas para el personal que participó en la operación. Para que se hagan una idea nuestros lectores de la magnitud del caso.

Es más, cuartaedicion.com también ha conocido que la clínica de Cartagena ha creado un gabinete de crisis, con personal ajeno a la clínica, para analizar y controlar toda la información que ha salido publicada en los medios y poder tomar así las medidas oportunas.

Pero la triste realidad es que hay una joven muerta, una familia destrozada y trabajadores despedidos por culpa de una mala intervención llevada a cabo por un cirujano, señalado con nombres y apellidos, autorizada por una persona para nada cualificada en la materia.

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