martes, septiembre 27, 2022

Ni negacionistas, ni tragacionistas, ni conspiranoicos, ni conformistanoicos, «sensatezoicos»

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Artículo de opinión de Diego Conesa Guerrero, ‘El eco’

No es nada nuevo el hecho de que cada individuo de nuestra sociedad desarrolle su propia opinión o adapte la de otros con respecto a los diversos temas que la actualidad nos va brindando cada día. Siempre ha ocurrido así, y así ha de ocurrir siempre en el futuro. Sin embargo, en la actualidad el juego está marcado por un matiz diferente, que, para el observador objetivo, sobre todo si tiene la necesaria información, puede darle que pensar que estamos sufriendo sendos intentos de ser manipulados hacia una forma de pensar especifica, en aras de conducirnos hacia una forma de vida orquestada por gente que tiene, o más bien cree tener, el poder de hacer que los demás actúen como ellos deciden en base a sus ideas o más bien, manías.

No me mal interpreten. Trato de ser un observador objetivo de la realidad en grado sumo. Cuando alguien me plantea que es probable que la tierra sea plana, contesto con un rotundo no, porque no solo me he demostrado a mí mismo lo contrario, sino que además la lógica imperante aplasta rápidamente esa idea absurda. Cuando alguien me plantea que nos están fumigando desde el aire, también me parece ridículo. Básicamente porque la cantidad de sustancia química que podría esparcir un avión es muy pequeña y abarca un área muy pequeña, recordemos que la atmosfera que nos rodea es mucho más grande que el planeta en sí, en lo que a km2 se refiere, y cuanto más exterior es la capa de la atmosfera, mas km2 tiene de superficie. Con lo que expandir un químico en la atmosfera, supondría desperdiciar al efecto buscado, porque en primer lugar es muy difícil, casi imposible, predecir donde caería, en segundo se diluiría muchísimo en la misma atmosfera, y en tercero la estela que puede cubrir un avión es ridícula pensando en los efectos, que según los que creen en los chemtrails, se pretenden conseguir. Ya hay suficientes químicos tóxicos en el ambiente, no hace falta que se esfuercen en esparcirlos por el aire, están en él ya procedentes de otras fuentes.

A su vez, los que me han leído en el pasado, saben que siempre me ha parecido ridícula la idea de que el mundo este dirigido por cinco magnates, como creen algunos. Porque la realidad es que el mundo está dirigido por la Naturaleza, y a esa no hay quien le tosa en la nariz, porque es más fuerte que cualquier intento humano de poder absoluto.

Pero de un tiempo a esta parte están sucediendo cosas que le hacen a uno pensar, que, si existen determinados individuos o colectivos, que están tratando de sacar adelante la idea de que el mundo debe someterse a su forma de entender la vida, o incluso que creen que el mundo debe de estar a su servicio porque ellos creen ser más listos que nosotros.

En la década pasada comencé a cultivar calabaza Potimarron ecológica para una empresa “española”, con la que se suponía que yo trataba directamente con el propietario. El cual afirmaba tener un “socio” americano, que supuestamente era un gran productor de cítricos de allí. La relación comercial de mi empresa con la suya duro bastantes años, pero al final le puse fin, porque estaba cansado de las liquidaciones tan abusivas que hacían de mi mercancía. Pasado un poco de tiempo un amigo también del sector me preguntaba por teléfono “¿Sigues cultivando para Atresmedia?”. Yo le respondí que eso era una red de cadenas de televisión no una empresa de comercialización agrícola, pero me equivoqué. Porque efectivamente el supuesto socio americano era en realidad Atresmedia. En la cual, parte del accionariado pertenece a Black Rock, la empresa de gestión de activos financieros más grande del mundo. Que por supuesto también tiene parte del accionariado de Mediaset.

Si repasas el listado de cadenas de TV y Radio de Atresmedia y Mediaset, te das cuenta de que son unos auténticos “imperialistas” de la información. Aunque eso sí, bien disfrazados de progresistas de bandera y puño en alto.

Seneca, único poderoso que renuncia a su poder

Así que comienzo a mosquearme. Y fácilmente llego a la conclusión lógica de que el dinero equivale a poder, y que ambos corrompen a casi cualquiera. La excepción la tuvimos en el filósofo Seneca, el cual llegó a ser el hombre más rico del mundo en su época, a la par que era famoso por su frugalidad y su modesto estilo de vida. También fue durante unos años el hombre más poderoso del mundo, cuando recibió el encargo de educar a Nerón, el cual era solo un niño cuando empezó a gobernar, y fue Séneca, asistido por Sexto Afranio Burro, quien dirigió el imperio Romano durante unos años que fueron la primera “dictablanda” de la historia. En esos años Séneca trató de abolir la esclavitud e hizo muchas cosas buenas por el imperio. Cuando Nerón creció y se fue volviendo malo, comenzó a sentir celos de la admiración que el pueblo romano tenía hacia Séneca. Séneca, demostró la grandeza que la “Ataraxia” que por esa época había logrado conseguir, presta a los hombres grandiosos, y ofreció a Nerón todas sus riquezas, pues él decía no necesitarlas ya. Esto enfureció tanto a Nerón que lo mandó matar acusándolo de conspiración. He traído, a colación a mi maestro Séneca, por ser el único ejemplo que conozco de poderoso que renuncia a su poder y por supuesto a hacer mal uso de él, y porque él decía dos cosas que son muy importantes para comprender lo que ocurre en el mundo actual con eso que llamamos “Globalismo”.

Afirmaba el filósofo español que “el poder es para los hombres igual a ser un Dios”, y que “el dinero cuanto más se tiene, más se empieza a poder tener”. Dudo mucho que habiendo sido el más rico del mundo en su época, se equivocase. Por eso yo afirmo a menudo que “el dinero, al igual que la comida incorrecta, en lugar de saciar, da cada vez más hambre”. Y a poco que te muevas por el asqueroso mundo de los negocios, te darás cuenta de que Séneca no se equivocaba lo más mínimo, y que tienen más deseo de dinero los que más tienen de él. Porque ellos no han ganado dinero, sino que el dinero les ha ganado a ellos. Por eso, con muchísimo acierto, Séneca, que en absoluto criticaba la tenencia de riquezas, si afirmaba que es muy importante que seas tú quien las tenga a ellas, y no ellas las que te tengan a ti.

Por esta razón cuando algunas personas dicen que es ridículo que los multimillonarios tengan ganas de más dinero, cuando ya tienen todo lo que humanamente se puede desear, se equivocan. Los más ricos del planeta, se sienten más pobres que cualquier ciudadano común con una economía modesta. De la misma forma que un glotón tiene mucha más hambre que una persona esbelta, a pesar de estar supuestamente cargado de reservas.

Y lo peor del asunto, es que no solo tienen un ansia brutal de dinero, es que también ambicionan poder, ya que son dos cosas que son completamente inseparables. Por qué en la civilización es prácticamente imposible tener poder y no tener dinero, o viceversa.

En el fondo de cada ser humano racional, a todos nos gustaría que nuestras opiniones e ideas fueran las imperantes. Así que imaginad lo que ocurre cuando un ser humano cualquiera pasa de tener la idea de vender libros por internet, a ser el mayor comercializador de productos del mundo. O cuando tuviste una idea que se convirtió en la más importante forma de conexión entre humanos en el mundo moderno y te ves muy por encima del vulgo.

Son pocos los que nacen ya multimillonarios, y generalmente a los que les suena esa flauta se entregan a la “buena vida” en lugar de seguir con la ambición de su progenitor. El que ha hecho una gran fortuna, casi siempre ha sido a base de un gran esfuerzo por su parte, y/o estrujándose mucho el coco. Y cuando llega a poder ser catalogado como multimillonario, probablemente lo que más sabe hacer y lo que más le gusta hacer es precisamente eso, aumentar su fortuna. Muy pocos se plantan y se dedican a disfrutar de la vida en la forma que ellos mismos hubieran querido cuando tenían una economía modesta.

“Que pronto se olvidan los orígenes humildes cuando comienza la prosperidad.” Séneca.

Yo creo que la ambición es algo bastante sano. Pero se ha de aprender a ponerle coto y no caer en algo desmedido, como es bastante habitual que ocurra entre las grandes fortunas del planeta. Que ya no solo pretenden ser los números uno de la lista de más ricos del mundo, sino que además quieren ser los más poderosos, los que más pueden imponer sus ideas en base al poder que su capital les proporciona.

Creo en la economía liberal, pienso que la vida es una competición, y que para que sea feliz, alegre y divertida, debe ser así. Porque la competición te mantiene activo, y la actividad te mantiene sano. Por eso creo que la ambición es sana, pero hasta cierto punto. Y aunque creo que el neoliberalismo funciona en la civilización mejor que ninguna otra forma de economía, pienso firmemente que la sociedad debería poner un límite máximo de riqueza acaparable por los individuos. Con esto evitaríamos que determinados “personajes” intentaran usar su capital económico para imponer sus ideas.

Los que navegan en esos mares de economías de tamaño tan desproporcionado, también se conocen entre ellos. Y en ocasiones hasta pueden decidir manejar su poder individual conjuntamente, para tratar de conseguir cosas que les preocupan.

Los ricos suelen ser tipos muy inteligentes, lo cual no quiere decir que no metan la pata de vez en cuando, y que en ocasiones tengan ideas descabelladas, como le puede ocurrir a todo hijo de vecino.

Los ricos son grandes observadores de su mundo y de las cosas que ocurren en él. Y estoy seguro que la inmensa mayoría de ellos son perfectamente conscientes de que el mundo no va por buen camino en numerosos aspectos. Aun a riesgo de que me tachen de maltusiano voy a centrarme solo en uno de esos aspectos, aunque por supuesto hay muchos más, que en otra ocasión describiré, la superpoblación.

La superpoblación

Aunque de muy joven leí los informes del club de Roma, no fueron estos los que me llevaron a creer en la superpoblación como un grave problema. Fue el estudio de las consecuencias de las alteraciones de las cadenas tróficas en el eslabón llamado “humanos” lo que me mostró el problema. Me maravillo leer al escritor americano Daniel Quinn y darme cuenta de que él había llegado a similares conclusiones desde otra perspectiva, pero cercana a la mía. Y es que la civilización cree que somos los amos del planeta, y que tenemos derecho a imponer nuestra forma de vida “humano civilizada” allá donde queramos. Y eso ha hecho que los humanos nos multipliquemos como una auténtica peste, por todos los ecosistemas del planeta, siendo que en realidad no estamos adaptados más que a unos pocos de ellos. Y esto provoca que la presión que ejercemos sobre los recursos naturales que son imprescindibles para el desarrollo de todas las formas de vida en la tierra, sea brutal y altamente contaminante y destructiva. Y esto, no os quepa la menor duda, los más ricos, lo saben, y como les puede ocurrir a ustedes o a mí, también les preocupa y mucho. El pensamiento es tan sencillo como este “Con lo que me ha costado conseguir todo lo que tengo, quiero poder disfrutarlo muchísimo tiempo, y seguir acaparando más.”. Olvidándose de que somos finitos, y de que el mismo día que nacemos, como decía Catón, somos condenados a muerte.

Es posible que alguno de estos poderosos tenga alguna idea buena sobre cómo solucionar alguno de los muchos problemas ambientales que nos acechan. Pero las buenas ideas, que también pueden venir de cualquier individuo del vulgo, por pobre que este sea, no pueden imponerse, a no ser que sea con el consenso de la mayoría, suponiendo que la mayoría sepa lo que hace y no esté manipulada. Pero claro, es que ahora resulta que la inmensa mayoría de los medios de comunicación son propiedad, o en parte, de los grandes capitales. Así que cuando se trata de difundir o tratar de imponer una idea de ellos, lo tienen más fácil que nadie para condicionar el pensamiento de la gente.

Es posible que, si mañana me siento con alguno de estos poderosos, (ya lo he hecho con algunos cercanos a ellos) tengamos ideas parecidas sobre muchos aspectos de la vida, y muchas otras totalmente opuestas. Pero lo que, si tengo muy claro, y es la razón principal por la que odio tanto el comunismo, es que el totalitarismo es el mayor peligro que afrontamos.

Lo que mejor define al ser humano civilizado es precisamente el totalitarismo, ya que lo ejercemos de forma desmedida contra las demás formas de vida del planeta, ya sean estas vegetales o animales. Puedo entender en cierta forma, que, habiéndonos desparramado, como hemos hecho los humanos, de las leyes de la Naturaleza, tratemos de justificar el injustificable totalitarismo que ejercemos contra las demás formas de vida de la tierra. Pero que tratemos de aplicarlo contra nuestros semejantes, es absolutamente patético y fuera de todo lugar. La única que tiene autoridad para imponer sobre nuestras vidas es La Naturaleza, porque a ella le debemos absolutamente todo.

“Hemos nacido en su reino, obedecer a Dios es libertad.” Séneca.

Las normas sensatas solo las puede poner la Naturaleza, y es ella a la que debemos mirar para tratar de encontrar solución a los problemas que afronta la humanidad. No a las imposiciones totalitarias que multimillonarios, y políticos a sus órdenes, tratan de imponernos.

Aunque sus intenciones finales no las hacen públicas, estos poderosos no se esconden. Es fácil rastrearles por las redes de información, incluso sin caer en alertadores ridículos, que los hay, y muchos. Y también es cierto de que empiezan a aparecer muchas voces sensatas, que comienzan a disentir de las informaciones oficiales. A su vez una nueva ola de prensa digital independiente busca dar voz a aquellos personajes de nuestra sociedad, que, de una forma clara y objetiva, ofrecemos información “diferente” sobre las realidades que acontecen en el día a día de nuestro mundo actual.

Para darse cuenta de que el totalitarismo nos acecha de una forma que empieza a ser bastante alarmante, no hay más que ver que en un mundo ahora digital, que se prometía libre y justo gracias al avance de la tecnología y la ciencia, y del acercamiento de las mismas a todos los niveles de la sociedad, ha aparecido de súbito, y desde los sectores más progresistas de la sociedad, la censura. Y esta censura campa a sus anchas tratando de impedir que usted escuche o difunda información sobre opiniones diferentes a las oficiales en temas como el enigmático Coronavirus, la crisis ambiental, la guerra de Ucrania, el LGTBI, la memoria histórica y muchos otros temas que irán apareciendo de aquí en adelante. Los que acusaban a otros de totalitaristas, cuando acarician poder económico o político, se vuelven peores que aquello que tanto detestaban en el pasado. Y no, eso no es naturaleza humana no, eso es una enfermedad, y como toda enfermedad tiene sus causas.

Es un buen momento para dudar de lo oficial, en realidad siempre lo ha sido, pero al menos antes era menos preocupante no dudar, ahora nos jugamos muchísimo más. Y dudar no quiere decir que no aceptes parte o cosas de las que te cuenten, y que te opongas a toda idea per se. Sino tratar de no dejarte encapsular por los patrones de comportamiento que los medios de comunicación pretenden de ti. Forjarse una opinión sólida y sensata, solo puede hacerse en base a la propia experimentación, siempre que trates de ser lo más objetivo posible y tengas en cuenta los matices que siempre suelen estar ahí para casi todo.

Mi vida personal siempre ha tratado de ser así, por eso fui un pionero en el ecologismo neoliberal, cuando se suponía que el ecologismo no tenía cabida en el neoliberalismo. Por eso, aunque llevo más de tres décadas y media practicando un vegetarianismo muy radical, soy el primero que sale a defender a los ganaderos españoles cuando se les acusa de cosas de las que no son ellos estrictamente responsables.

En nuestro planeta nosotros los humanos somos el principal y único problema, eso lo tengo tan claro como el que más. Pero de ahí a que sea un magnate de la multimedia o del comercio y las finanzas, el que decida quien sobra o la forma de cómo reducir, manejar o eliminar el problema, como que no.

Permítanse el beneficio de la duda ante cualquier cosa que llegue a sus oídos. Porque si dejan que otros piensen por usted, sus vidas las conducirán ellos. Y esto es aplicable tanto hacia la información oficial, como hacia la contraria, lo que tampoco significa que haya que convertirse en un gris. Pero hay que tratar de enfocar con objetividad, algo cada día más difícil, porque hasta dentro de nosotros mismos tenemos condicionantes que nos lo impiden.

‘El eco’.

Este es el primer artículo de opinión para cuartaedicion.com de Diego Conesa Guerrero. Y es que tenemos el placer de comunicarles que Conesa colaborará con este medio habitualmente con artículos que, ya les garantizamos, no dejarán indiferente absolutamente a nadie.

Informarles por último, que en breve publicaremos un amplio reportaje sobre el director Gerente de Cultivos Ecológicos Azoe.

El autor de «El reto de las mentes» es una de las máximas autoridades en nutrición humana y uno de los líderes del mundo vegetariano.

Por dar un dato más sobre nuestro nuevo articulista, decir que fue el primero que apostó en el Campo de Cartagena por la arriesgada agricultura ecológica. Y ha sido todo un éxito. Conesa es un referente a nivel mundial en dicho campo.

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