miércoles, mayo 18, 2022

«Cuando nuestras apetencias sexuales no se corresponden con lo que dicta nuestro cuerpo físico»

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Artículo que lleva un serio trabajo de investigación para buscar las causas de porqué existen personas que tienen una sexualidad que no está en concordancia con el sexo con el que nacieron

Quiero empezar este articulo dejando bien claro que no tengo ningún tipo de aversión hacia las personas que tienen una sexualidad diferente a la que dicta su organismo. El presente artículo se refiere a un trabajo de investigación que trata de buscar las causas de porqué existen personas que tienen una sexualidad que no está en concordancia con el sexo con el que nacieron. Cualquier interpretación en el sentido contrario será achacable a los prejuicios propios del lector, que no esté dispuesto a hacer análisis de conciencia de su situación.

Hace tres décadas, cuando trabajaba en mi centro de ayuno terapéutico, uno de los pacientes me preguntó una tarde que cuál era mi opinión sobre la homosexualidad. Yo estaba sentado junto a una licuadora. «Yo pienso igual que la Naturaleza», le dije, y acto seguido cogí el enchufe macho de la licuadora, y lo metí en el terminal hembra de la pared, diciendo «El macho entra en la hembra. La Naturaleza no se equivoca jamás.». Lo expresé en tono normal, sin cachondeo, con respeto y sin insinuar nada. Aun así, el tipo se molestó, empezó a gritarme, recogió sus cosas y se marchó, además sin pagarme. En la década siguiente me llamó un día por teléfono, me pidió disculpas, y me pidió venir a visitarme. Lo hizo, acompañado de una novia que se había echado, y la hija de ésta, que venía por problemas de bulimia. Me pagó lo que me debía de aquella estancia que terminó mal, y se mostró arrepentido por su comportamiento.

Como dije en aquella ocasión, la Naturaleza no comete errores. Y lo natural es que, cuando tienen apetito sexual, a los machos les apetezcan sexualmente las hembras, y que cuando las hembras tienen apetito sexual, les apetezcan los machos. Esto ha ocurrido así siempre a lo largo de miles de años sin excepción. Aunque es muy probable que a ustedes les hayan contado algo diferente últimamente, porque actualmente no siempre sucede así, y es cierto que existen personas con órganos sexuales contrarios a sus apetencias sexuales. Y voy a explicar en este artículo las razones que he encontrado por las cuales sucede esto último.

Cuando hablo en contra del omnivorismo y defiendo mi tesis de que el ser humano es un mono frugívoro, aporto un argumento que nunca antes nadie ha afirmado y que es rotundamente cierto. Y es el hecho de que las cosas que te son propias como especie, no se olvidan jamás, porque es imposible borrarlas del instinto, por muy alterado que tengamos éste. Por esta razón, cualquiera se siente tentado por coger una fruta en la sazón de un árbol, pero no hay nadie que cuando tiene hambre le dé por pegarle un bocado a un perro, o a una rata, o por tirarse a darle mordiscos al hijo de una vaca o de una cabra, como sí se hace, cuando el animal está bien limpio, desangrado, troceado, aliñado, sazonado, y cocinado, y acompañado de pan. Si de verdad fuéramos carnívoros, jamás hubiéramos olvidado los placeres que la carne cruda, y más aún, recién cazada, aportan al verdadero carnívoro. Yo eyaculo de placer sensorial en mis pupilas cuando como las primeras brevas que el final de la primavera nos regala, sin preparación alguna, más que el pelado de las mismas que hacen mis dedos de forma instintiva.

La homosexualidad no era lo habitual en el pasado

Con esto quiero decir, que, si la homosexualidad hubiese sido habitual en el pasado, tal y como pretenden algunos vendernos hoy en día, no se hubiera discriminado jamás. De hecho, nadie puede marcar un punto de la historia donde, además a nivel mundial, la homosexualidad comenzase a verse como algo malo o feo. Incluso de haber sido así, no solo tendríamos constancia histórica de ello, sino que además siempre habrían quedado reductos en determinadas naciones o lugares del planeta. Algunos afirman incluso que los filósofos clásicos eran proclives a la homosexualidad. Pero yo los he leído muchísimo y no solo es dificilísimo encontrar algún comentario al respecto, sino que hay que ser muy cínico para pensar que era algo recurrente entre ellos.

ACTUALMENTE VIVIMOS EN UN MUNDO TÓXICO

A pesar de ser un tema muy en boga hoy en día, lo cierto es que hay muy poca cultura social acerca de cómo empezó la «Ecología». Esta se popularizó en gran medida, gracias a la voz de alarma que algunos investigadores dieron con respecto al hecho de que ciertas especies animales habían sido observadas teniendo comportamientos sexuales alterados. En la llamada «Isla de los Pájaros», en Massachusetts los biólogos se dieron cuenta de que los machos de Charranes tenían alteraciones en su sistema reproductivo producidos por la presencia de policlorobifenilos.

El PCB (policlorobifenilo) produjo una alteración de las hormonas del sistema endocrino de estas aves, que produjo en muchos machos que sus testículos se «feminizaran». También observaron que comenzaban a haber más hembras que machos en la isla. Estos biólogos acababan de descubrir para la humanidad los ahora llamados «disruptores endocrinos». Que fueron los que indujeron a los científicos a dar la voz de alarma contra las sustancias químicas de síntesis, y especialmente contra aquéllas que presentan efecto bioacumulativo, que como el americano Ronald Hubbard descubrió, Son principalmente aquellas que presentan solubilidad en grasa en lugar de en agua.

La americana Raquel Carson, fue otra de las que sentó las bases de la ecología, sobre todo cuando en 1962 alertó al mundo sobre los problemas del pesticida DDT en su libro «La primavera silenciosa», el cual se estaba usando con profusión en esa época tanto en industria como en agricultura. Su investigación sobre los efectos de este químico de síntesis fue tan transcendental que derivaron en su prohibición en la mayoría de países del mundo. Fue la primera vez en la historia de la humanidad que se prohibía una sustancia química. Por su puesto el DDT era soluble en grasa, y, por lo tanto, disruptor endocrino. Y como tal, produce alteraciones en los procesos hormonales vinculados a la procreación, y, por tanto, a la sexualidad.

Un dato curioso es el hecho de que estas alteraciones no tienen por qué mostrarse de forma clara en el individuo que se ve afectado por su presencia dentro de su organismo, cuando este ha recibido esta contaminación después de que el desarrollo de sus órganos sexuales ya se ha haya producido. Sin embargo, las generaciones posteriores, tal y como afirma la Biblia, reciben el daño que sus progenitores han incurrido a sí mismos. Algo que nos demostró Mendel. Por esta razón, y por su solubilidad en grasa, lo cual lo hace bioacumulativo, el DDT todavía esta hoy presente en todos los organismos de los seres vivos del planeta. Algo que la Naturaleza no pretendió jamás. Y por estas razones, las generaciones actuales, son las que están sufriendo los efectos «trastornadores» de la sexualidad, que los químicos de síntesis, tales como el DDT, producen en el desarrollo de los nuevos neonatos.

He de confesar que cuando me adentré en el mundo de la ecología jamás pensé que daría con asuntos tan tristes como los que ahora conozco. Yo que fui uno de los grandes impulsores de la agricultura ecológica a gran escala en el mundo, jamás pensé en aquel entonces, que los plásticos que yo popularicé como acolchado para evitar las malas hierbas en agricultura ecológica y para disminuir los aportes de agua, podrían ser tan dañinos para la humanidad. La cual, por cierto, vive hoy en día entregada en cuerpo y alma a los plásticos. Estos, además de otras cosas, tienen Bisfenol A, el cual es un potente disruptor endocrino, que, por supuesto produce, entre otros problemas, los desarreglos hormonales que alteran la sexualidad, e incluso la formación de los órganos sexuales en los recién nacidos. Hoy en día empiezan a ser muy preocupantes los cada vez más abundantes casos de «micropenes» en niños, así como la ausencia de espermatozoides en jóvenes en edad de procrear.

Pero, aunque en absoluto me sirve de consuelo, la opción a mis acolchados plásticos, en un mundo cada vez más tecnócrata, no es precisamente quitar las malas hierbas a mano. Sino que la inmensa mayoría de humanos del planeta come alimentos que han sido cultivados con el empleo de herbicidas químicos. Que por supuesto, en su inmensa mayoría, son, como no, disruptores endocrinos, y por supuesto, bioacumulativos porque presentan solubilidad en grasa. Muchos de ellos son directamente «herbicidas hormonales». Y si, todos los humanos que estamos actualmente vivos, no solamente estamos petados de DDT y otros químicos usados en la industria, la ganadería y la agricultura, así como de microplásticos, sino que además hemos sido criados con alimentos llenos de residuos de herbicidas. Así que no es de extrañar, que muchos de nosotros, o de nuestros hijos, sufran graves alteraciones de su sexualidad, así como de sus órganos sexuales, debido a la presencia de esos químicos ajenos al cuerpo, y a los que me gusta catalogar en plan higienista como «toxemia».

Transformaciones en la sexualidad de algunos animales

Por dar solo algunos datos, uno de los herbicidas más comunes en el mundo, como es la Atrazina, produce transformaciones muy importantes en la sexualidad de algunos animales. Especialmente curioso es el caso de las ranas. Donde se ha observado que los machos se vuelven estériles e incluso un porcentaje de estos se convierten en hembras durante el comienzo de su desarrollo, cuando se ven afectados por este químico. Parece un poco pueril pensar que nosotros los humanos no nos vamos a ver afectados por la acción de estos químicos, siendo además como somos, final de cola en la cadena trófica que nosotros mismos hemos improvisado al volvernos omnívoros. Con lo que no solo acumulamos estos químicos de los vegetales que ingerimos, sino que además recibimos los que han acumulado durante su desarrollo, los animales que comemos.

Es muy interesante el trabajo que el catedrático español de medicina Nicolás Olea está haciendo para dar a conocer sus investigaciones sobre los efectos de los disruptores endocrinos en la salud humana. Pero como él muy bien afirma, vamos muy tarde. El daño ya está hecho, y uno de los efectos son las alteraciones sexuales que se producen en los individuos del mundo actual, especialmente en las nuevas generaciones. Y por esta razón hay tantas personas hoy en día que tiene una apetencia sexual que no se corresponde con el fin que propuso la Naturaleza para sus órganos sexuales.

Para mal de nuestros males, resulta que muchos de esos productos químicos que la humanidad ha sintetizado para desarrollar sustancias que supuestamente sirven para curar enfermedades, enfermedades que nosotros mismos nos hemos creado por nuestra insana y antinatural forma de vivir, también resultan ser disruptores endocrinos. Y lamentablemente los científicos que proponen el uso de estos químicos, carecen del conocimiento de lo que ocurre con ellos dentro del organismo en el largo plazo, y sobre sus efectos en generaciones venideras, procedentes de progenitores que hayan consumido estas sustancias. Y tampoco son conscientes del efecto bioacumulativo de las sustancias que proponen, ni conocen formas de retirar estos residuos del cuerpo, una vez se ha alcanzado el efecto que se buscaba con su utilización. Muy al contrario, muchos de estos tratamientos se cronifican en su uso, y nos encontramos con individuos que se reproducen a pesar de estar sometidos al efecto del consumo habitual de estas sustancias. En base a mi propia experimentación con pacientes, considero que esto es especialmente grave sobre todo con los tratamientos con psicofármacos. Y serán las generaciones venideras, las que muestren los efectos devastadores que el empleo indiscriminado de estos químicos produce en el organismo, y por su puesto también en los órganos reproductores, en los cuales se realiza la vida sexual.

Pero, por si fuera poco, por si no teníamos suficiente con toda la sarta brutal de disruptores endocrinos que nos acechan, para colmo los humanos inventamos las drogas. Esas sustancias que usan algunos individuos para tratar de simular que están bien o que se lo pasan bien, cuando en realidad se están sumiendo de lleno en todo lo contrario. Siempre me gusta resaltar que, en lengua inglesa, los químicos de farmacia y los de calle, se denominan bajo el mismo nombre «drugs», porque la realidad es que son una misma cosa. De ahí que sea tan importante que el uso de medicinas tenga que estar muy controlado y racionalizado, para no terminar en un efecto desastroso en la salud física y psíquica del paciente. Lo cual ocurre con demasiada frecuencia en el mundo actual.

La historia del lesbianismo y los gays, ligado a ciertos químicos

También hay químicos que producen alteraciones sexuales sin ser necesariamente solubles en grasa, como ocurre con algunos alcaloides como la cocaína. La historia del lesbianismo y los gays esta intensamente ligada al empleo de la cocaína y la marihuana, así como otras drogas de síntesis. Cuando profundizas en la historia de la mayoría de gays y lesbianas famosas, te encuentras un marcado historial de consumo y adicción a estas drogas, y esto no es por casualidad. Hace tan solo diez años, solo había un doctor mexicano, y un servidor, que hablábamos claramente entre la relación entre cocaína, marihuana y homosexualidad. Hoy en día ya se sabe que el consumo habitual de marihuana produce una grave alteración del semen en los machos. Lo cual es de esperar que los vuelva mucho menos activos en lo que atracción hacia el sexo opuesto se refiere. Ya que, sin espermatozoides, la procreación es imposible, y la finalidad del sexo en la Naturaleza, es precisamente la perpetuación de la especie. Por las redes ya hay muchos artículos que cuentan como algunos individuos se vuelven homosexuales temporales durante “atracones” de fumar marihuana.

Por lo que yo he observado tras muchos años de tratar a personas con problemas de consumo de drogas, la marihuana produce en principio desinterés de los machos hacia las hembras, y en el largo plazo puede incluso provocar el interés por miembros del propio sexo. Algo parecido ocurre en las mujeres. Y ahora ya se pueden encontrar interesantes artículos en internet donde se trata este tema. Desde mi punto de vista la marihuana es un disruptor endocrino, porque su toxina principal, el THC es soluble en grasa. Pero hay mucha gente hablando maravillas de ella en las redes, con sendos intereses económicos por detrás. Hasta te cuentan que es posible que cure el cáncer, olvidándose de que el pobre Bob Marley murió a una edad muy prematura, y precisamente de cáncer, harto de fumar marihuana.

De hecho, todas las grasas presentes en el mundo vegetal, salvo alguna excepción, presentan en su composición sustancias tóxicas, que pienso que deben ser en su mayoría, disruptores endocrinos y por tanto pueden producir desarreglos en las funciones sexuales de sus consumidores, o de los descendientes de estos. Aunque también pienso que este efecto será mucho más leve que cuando se trata de productos químicos de síntesis. Pero el problema con las sustancias tóxicas de las grasas vegetales, ocurre cuando su empleo se vuelve adictivo. Algo que vengo observando, y de lo que fui pionero en alertar, que ocurre con ciertos frutos como el aguacate, o el akí (Blighia Sapida). Sin embargo, en el caso de las aceitunas, los humanos hemos ideado la forma de eliminar o neutralizar el tóxico que contienen, con la maceración o el refinamiento de su aceite.

En el mundo actual hay unos 100 mil productos químicos de síntesis. Sería un auténtico milagro que nuestra sexualidad no se viera alterada por su presencia, cuando como hemos visto, si está ocurriendo con la de los animales. De hecho, en USA colocan unos cuantos sapos en una balsa, y la misma cantidad de sapos en otra, pero en una de ellas introducen un chorrito de herbicida hormonal. Y a las pocas semanas los sapos de la balsa que lleva el herbicida comienzan a tener comportamientos homosexuales. Esto se ha visto incluso en ciertos peces en la ría de Bilbao, afectados por el vertido toxico de una fábrica cercana.

Otros efectos de la contaminación química, son como, por ejemplo, el hecho de que en España más de un treinta por ciento de niños nazcan actualmente monorrinos o con graves alteraciones en sus riñones. De hecho, se ha vuelto obligatoria una prueba durante el embarazo para comprobar posibles problemas al respecto.

Con estos datos, y otros muchos que se nos ocultan, pensar que la sexualidad es una elección del individuo, como pretenden hacernos creer ciertos movimientos radicales de la izquierda, es como poco irrespetuoso hacia las personas que se ven atrapadas en un cuerpo que no se corresponde con sus apetitos sexuales. Son víctimas trágicas del precio que la humanidad tiene que pagar por haber jugado a ser «Dios», en el sentido de crear sus propias sustancias químicas, aunque en realidad lo que ha hecho ha sido transformar y conjugar de forma errónea, lo que la Naturaleza creo en su momento.

A diario observo a chicos o chicas que presentan movimientos diferentes a los de su sexo, o tonos de voz, o comportamientos, y por su puesto apetencias sexuales. Otros presentan desgana total hacia la sexualidad. Otros sufren graves malformaciones en sus órganos genitales. Es muy habitual observar hoy en día en los machos jóvenes humanos una importante falta de virilidad. Tristísimo el precio que estas personas tienen que pagar por un mal que hemos perpetuado entre todos.

Algunos defensores a ultranza de la «naturalidad» de la homosexualidad, argumentan que en la Naturaleza salvaje también se dan casos de homosexualidad. En mis investigaciones he encontrado que la mayoría de los casos responden simplemente a una mala observación de la realidad por parte de los supuestos investigadores, y en otros la causa es con toda certeza la misma que hace a los humanos alterar su sexualidad, toda la brutal carga de toxemia producida por drogas, químicos, plásticos, herbicidas, y comida toxica. Así que tratar como «natural» a algo hoy en día, con 100 mil químicos acechándonos, afectando profundamente nuestra salud física y mental, es algo que hay que coger con pinzas y analizarlo hasta en el último matiz.

Contemplando este triste panorama dan ganas de echarse a llorar, pero en toda tristeza hay un hilo de esperanza.

Poco después de que aparecieran los primeros estudios que alertaban del impacto que los químicos producían en el sistema hormonal humano (recordemos de nuevo que lo que levantó las alertas sobre el efecto de los químicos en el organismo humano fueron sus efectos en el aparato reproductor y en la psicología sexual, aunque obviamente los químicos afectan a todo el organismo, tanto a nivel físico como psíquico), otro americano, Ronald Hubbard, comenzó a estudiar el efecto de los químicos, especialmente de las drogas, en el organismo. Se dio cuenta como los otros científicos, que la acumulación de residuos de químicos, tanto industriales, como agrícolas y ganaderos, como de drogas, eran los causantes de muchos problemas físicos y psíquicos. Pero a diferencia del resto de investigadores, sus esfuerzos se centraron en encontrar la forma de sacar esos residuos del organismo. Por fortuna para nosotros encontró la forma de hacerlo. En su magnífico libro “Cuerpo Limpio, Mente Clara”, explica su sencilla y efectiva terapia.

Teoría de Hubbard

Hubbard desarrolló una forma de desintoxicación, basada en el empleo de la sauna finlandesa, también conocida como «sauna seca». Ya que se había percatado de que las moléculas de grasa que contenían los residuos de los químicos bioacumulativos, no podían pasar por nuestros riñones. Ya que el «tamiz» que constituyen estos, es de un espesor demasiado pequeño, lo que hace imposible que la molécula de grasa lo atraviese. Por esta razón cuando el cuerpo intenta deshacerse de esos residuos químicos, los manda al riñón, pero este no puede sacarlos fuera, porque no está diseñado para filtrar moléculas de grasa. Pero de forma casi casual, Hubbard se dio cuenta de que los poros de la piel si podían excretar esas moléculas de grasa que portan los residuos de los químicos, especialmente cuando la sudoración se produce de forma pasiva, es decir, cuando el individuo no está realizando esfuerzos físicos que desvíen hacia otras funciones del organismo la energía destinada al catabolismo celular. El éxito de esta terapia para la desintoxicación y deshabituamiento de consumidores y ex consumidores de drogas quedó constatado. Pero obviamente Hubbard no ganó precisamente amigos en el mundo industrial que por aquel entonces vivía un importantísimo auge gracias entre otras cosas, a la química. La terapia de sauna seca de Hubbard ha sido ampliamente usada por numerosos famosos de Hollywood, principalmente para deshacerse de las adicciones a las drogas y de los efectos secundarios que éstas producen en el largo plazo a quienes las consumen o las han consumido.

El americano Michael Wisner todavía sigue aplicando la terapia de Hubbard para la desintoxicación de químicos, y la usó con mucho éxito cuando fue llamado por el gobierno de USA para tratar a los bomberos que habían sufrido intoxicación química en las explosiones del 11S. Así mismo, más recientemente el Dr. Wilson ha mejorado esta terapia, con la incorporación de las bombillas de infrarrojo cercano. Consiguiendo una sudoración más efectiva y una remoción más profunda de los químicos alojados en los tejidos. Es muy interesante el hecho de que algunos de sus seguidores afirman haber dejado de ser homosexuales después de un prolongado uso de la terapia de sauna de infrarrojo cercano. Supongo que eso ha sucedido especialmente con pacientes que habían sufrido alteraciones en su forma de entender la sexualidad debido al uso de drogas, o tras verse afectados por los efectos secundarios de fuertes medicaciones. Pero es más difícil que esta transformación se produzca en individuos que ya han nacido con alteraciones en sus conductas sexuales con respecto a lo propio de su sexo.

Los hijos de personas que sufren intoxicación química por drogas, medicaciones, polución ambiental, microplásticos, etc. son los candidatos perfectos a sufrir alteraciones en su sexualidad cuando comienza la pubertad o incluso antes. Durante la gestación, los químicos interfieren, no solo en el proceso de formación de los genitales, sino también en la posterior actuación de estos con respecto a la psique. Y esta para mi es la causa principal y única que ha llevado a una gran expansión de la homosexualidad en el mundo actual. Y vuelo a repetir que yo no tengo absolutamente nada en contra de las personas que se declaran homosexuales. Pero lo que no acepto, es que se trate de imponernos algo que es una alteración debida a la presencia de químicos tóxicos en el organismo, como algo natural y propio de la especie humana.

Vamos hacia una humanidad sin machos viriles, escasos de espermatozoides y prácticamente incapaces de reproducirse de forma natural. De la acción de los químicos de síntesis en el organismo, y de sus gravísimos efectos para el futuro de nuestra especie, ya nos alertó nuestro querido Félix Rodríguez de la Fuente. Lo cual estoy seguro de que no le hizo demasiada gracia a más de uno en aquella época en que lo dijo.

Recuerdo a un Michael Jackson petado de químicos tóxicos tratando de cambiar el color de su piel para ser de raza blanca. La humanidad, sumida en una profunda intoxicación química, no sabe ya como rizar más el rizo, tratando de que aquello que la Naturaleza hizo diferente pero complementario, sea ahora igual, o incluso más estrambótico todavía.

Quizás al final, la forma de reducir drásticamente la brutal presión que los humanos, a través de nuestra superpoblación, hacemos contra el medio ambiente, sea precisamente eso, no poder reproducirnos, y acabar desapareciendo como especie por propia estupidez. Hay una máxima estoica que dice que no hay problema que no se resuelva el solo con el paso del tiempo.

«Dios está en su cielo, En el mundo todo está bien». Robert Browning.

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